Aún no sé muy bien porque, Carlos le comentó a su padre, que llamara a un tal Ismael, para ver si le podía acompañar a la última carrera en Tona del Campeonato de España. Lo primero, fue una sorpresa para mí, pero conociendo la situación, y con ciertos temores porque yo no sé si sabría hacerlo bien, nos presentamos en Tona. Allí, en aquel instante, pasó algo increíble. A la primera de cambio, Carlos ganó su primera carrera del nacional. Sensacional. Increíble.



Con un precedente como tal, empezamos a entrenar fuerte durante la temporada de invierno, y Carlos evolucionaba cada día a unos pasos difíciles de seguir, y era una satisfacción ver como cada día me costaba mucho más seguirle la rueda, donde cada zona sacaba un plus extra, ese plus que sólo tienen los campeones.



Con una furgoneta prestada, con unas sillas plegables de camping, sin hacer ruido, nos presentamos en Tarragona, la primera cita del año. Primera victoria. Las cosas empezaban a pintar muy bien, pero faltaban muchas cosas por hacer.


Como ha sido tónica predominante en todo el año, llegamos, como he comentado, con una furgoneta prestada, sin hacer ruido, en silencio, Carlos hizo muy bien su carrera, y en silencio, nos fuimos de allí líderes del nacional.

